En el marco del XIV Congreso Internacional de Educación Superior «Universidad 2024» Universidad 2024, en La Habana, Cuba y el Foro “Educación superior y transformación social”, organizado por CLACSO el 6 de febrero, habló con CLACSO.tv Luciano Concheiro Bórquez, Subsecretario de Educación Superior de México.

– ¿Cuáles son los grandes desafíos actuales de la educación superior en América Latina y el Caribe frente a una disputa de poder muy fuerte?

– En México compartimos la necesidad de la inclusión, que quizás en la Argentina no sea el problema. Hoy, más del 50% de los jóvenes en nuestro país todavía se encuentran afuera de la educación superior. Incluso con todo lo que hemos logrado en ir integrando a los recién salidos de la media superior.

El neoliberalismo fue avanzando en un proceso de mercantilización que adquirió formas perversas a lo largo y ancho de nuestra de Nuestramérica, como decía José Martí. Esencialmente, en el proceso de cosificación de la enseñanza, de poner al centro toda esta temática de la calidad de enseñanza, la revisión de los planes y programas para ir haciéndolos estandarizados.

Tenemos otros núcleos de problemas donde ha habido que enfrentar fuertemente. Por ejemplo, existe un proceso de exclusión con el tema de género, pero también en cuestiones que tienen que ver con los pueblos originarios y afrodescendientes. Nos fuimos hacia atrás en términos de la posibilidad de incluir la diversidad cultural, una perspectiva que permitiera tener una visión de conjunto.

Para México, una de sus características gira alrededor de la disociación entre educación superior y la sociedad, con sus problemas y necesidades. Se perdió hasta la relación con la industria, con la agricultura, dejó de interesar. La vida alrededor de los premios y estímulos, acabaron sustituyendo ese gran despliegue de una proyección de la educación superior. En 1918, Córdoba, Argentina, nos marcaba que ser autónomos y luchar por una universidad tenía que ver con la conexión, el compromiso social. Esos temas en México se habían perdido hasta el extremo.

– En ese marco tan particular, se estuvo hablando mucho de ciencia abierta y la importancia de la ciencia en la lógica de transformación. ¿Cuál es la importancia de México de pensar en las cuestiones relacionadas no sólo con el acceso abierto sino también con los métodos de evaluación?

– Volvemos al fondo de la cuestión: para nosotros, en México, fue cambiar la Constitución, el artículo tercero de la misma, para despegar la idea del derecho humano a la educación, pero también a la ciencia. El tema central era cómo la ciencia y la tecnología estaban funcionando.

Yo que pertenezco a las instancias de gobierno, de ciencia y de tecnología y educación pienso que lo asombroso es simplemente por los títulos de las investigaciones, la desconexión que existía con respecto a los problemas sociales.

Entonces, para sintetizarlos se agregó una “H” de Humanidades al Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología. Esa “H” no solamente reclamaba el arraigo que debería tenerse en esta perspectiva, sino también la importancia de la conexión humanística, de un tema de la ética del desarrollo científico y tecnológico y de la direccionalidad.

Se cambió por completo todo el sistema de evaluación con los posgrados. En ese sentido, el Consejo Nacional delegó en la educación superior todo el sistema de evaluación de los posgrados para reconectar investigación con docencia y vinculación. Para nosotros eso es esencial, porque si ocurre con la fuerza que puede tener el CONICET o el Conacyt, nos separa ambos ámbitos: el que liga a la investigación generativa con la formativa. Este encuentro de investigación busca los problemas que aquejan a nuestras sociedades.

– Esta temática parece central. Da la sensación de que en algunos espacios de otros lugares del mundo se está discutiendo una ciencia que no es transformadora de los pueblos que investiga…

– Exactamente. Nos encontramos con las principales refresqueras de investigaciones en un país donde la inversión de las grandes empresas en términos de investigación es casi nula, donde todo el dinero es público y es utilizado para las grandes empresas transnacionales en México. Es decir, el dinero lo estábamos trasladando (con recursos públicos) a este proceso de transnacionalización.

– En ese marco, decimos evaluación, por un lado, investigaciones acordes a las sociedades en las que están, ¿y el proceso de publicación? Porque la publicación también tiene una lógica de mercantilización compleja que ha llevado a un lugar de privatización de ese conocimiento posterior.

– Absolutamente. Y está ligada a la meritocracia. El problema era la construcción de un grupo de investigadores que iban a recibir a través de las publicaciones. ¿Con qué sentido? Ninguno. Hay un exceso (está confirmado) de publicaciones de cualquier cosa. Repetidas, es decir, la academia ficción acabó ocupando un papel muy importante, el publicar por publicar. Publicas en el extranjero un paper académico que no tiene ningún impacto en el país, pero como fue publicado en “x” o “y” revista de Estados Unidos, ya es suficiente. Eso te daba un reconocimiento y no importaba si alguien lo leía en México o si tenía algún efecto. Entonces, nosotros fuimos a establecer una serie de líneas de investigación acordadas a nivel nacional en discusión con las propias instituciones de Educación Superior, pero sobre todo en conexión con los grandes problemas nacionales. Y se modificó la relación que tenemos en términos de ciencia y tecnología.

– Se está hablando de mucho más allá en cuestión de leyes, normativas, acuerdos, pero es una transformación cultural, ya que tiene otra profundidad.

– Totalmente. Podemos medirla de diversas formas. Hablando con CLACSO, me gusta que aborden la temática de género. En México, primero se generó un cambio constitucional, luego nos fuimos a la primera Ley general de Educación Superior para trazar no solamente un planteamiento del deber ser sino del hacer. Entonces, la construcción alrededor de elementos que tienen que ver con una visión del mundo, nos llevó a un fuerte incremento del número de estudiantes, 700 mil nuevos en lo que llevamos de gobierno. Pero el dato del cambio cultural es que el 76% son mujeres. Fue una sacudida en el país. Ahora no hay una sola entidad federativa que no tenga más mujeres, tanto estudiantes como en el profesorado. Entonces, ese giro con una campaña poderosísima de la no violencia, además de confrontar directamente el acoso y todas las condiciones que llevan a una vida de no paz, nos ha llevado a un efectivo cambio cultural. Cuando llegamos a la asociación más importante de universidades, solo había tres mujeres. Estamos hablando de cientos y cientos de hombres grises (por supuesto encorbatados). Ahora tenemos el 43% de todas nuestras instituciones de Educación Superior dirigidas con rectoras, directoras generales mujeres. Es una gran transformación cultural.

– En ese sentido, hay efectos dominó a partir de algunas medidas muy centrales. Pienso en las tareas de cuidados posteriores para que esas mujeres puedan estudiar y hay una cantidad de cuestiones que deben ponerse en juego a la hora de una medida trascendente, ¿no?

– Así es. Además de preguntarnos si basta dar buenas condiciones para ingresar, también damos becas a las mujeres, que han tenido que ser más importantes en números que a los hombres.

Pero llegamos más allá. Empezamos con una política de la interculturalidad, que es otro de nuestros grandes rasgos y cambios culturales. Esta gira alrededor no de aceptar y ver al diferente desde la otredad, sino cómo desde la alteridad y desde la construcción común. La interculturalidad es para todos o no es intercultural.
Lo otro es multiculturalidad que es el nuevo discurso de la construcción ideológica central de la derecha a nivel mundial. Esa visión ha ido avanzando en Europa en términos proto-fascistas de la cultura y de las otras culturas, diciendo: “te acepto”, pero en tu barrio, en el norte de África o en otro lugar. Entonces, ahí hay un cambio.

– Estuvimos hablando con René Ramírez, exfuncionario del gobierno ecuatoriano en educación superior, quien se refirió a una nueva investigación con relación a la cantidad de estudiantes que estudian en universidades públicas de Nuestra América, pero que al momento de votar se deciden por propuestas de derecha que proponen que esas universidades sean pagas, cerradas y acotadas en determinados sectores. ¿Cómo se entiende esa situación?

– En México, por suerte, no nos está sucediendo. Pero sí hay un grupo a nivel del profesorado. Esta casta aspiracionista ha creado una imagen de que vas a llegar a tener esas mejores condiciones. Pero cuando logras que ingrese un 36% más en cinco años del primer decil, no tenemos esos resultados (de votos de derecha).

Hoy, estamos hablando de un proceso de territorialización de la política que acompaña un proceso de territorialización universitaria. La desconexión entre los territorios y territorio entendido como construcción de poder, de autogestión, de participación social, nos ha permitido movernos en otro orden. Yo estoy muy conforme de que el proceso, que, sin pretender imponer, ha logrado abrir grandes pistas. Frente a un estado conservador, abrimos una universidad intercultural para la igualdad y también pensando en una universidad de género. Cuando entras a la institución, el diseño es precioso, tiene un área de cuidados para los hijos y las hijas dentro de la universidad, pero además hay otra área para los padres y las madres mayores, porque las mujeres en esta cuestión del cuidado acaban cuidando a los viejos en las casas.

Esta universidad se encuentra en el estado de Aguascalientes, donde hay una gobernadora mujer, hemos hablado mucho con ella. En un principio, nos dijo “Quiero una universidad para la mujer”, pero en un estado como Aguascalientes tuvimos la sinceridad de decirle que van a confundir o creer que tu propuesta es enseñar a cocinar mejor, lavar y planchar, frente a toda esa visión de los prejuicios. Entonces, cuando fuimos avanzando en el diálogo de la interculturalidad y la igualdad, a la gobernadora le encantó la idea y terminamos de construir todo un sentido distinto.

Al igual que la afro-universidad. En México, tenemos una universidad que se llama afro-universidad en la costa chica de Oaxaca. Toda esta cuestión sacudió a la región, porque la identidad negra es una de las que más se ha invisibilizado. Estamos transformando aquello que nos rechaza en un elemento de identidad y de confrontación con el racismo.

– En base a lo que se va viendo en el mapa político futuro, todo indica una posibilidad de continuidad de ideas políticas. ¿Cómo se sigue proyectando la lógica futura en el marco de pensar en que si estas políticas no continúan es muy difícil que tengan una profundidad en el arraigo cultural?

– En principio, yo diría que hay que pensar en educación y salud, pensar en una política de estado. Políticas de gobierno en educación que se agoten en un periodo de gobierno, la verdad que no tienen proyección alguna.

En cambio, tener una ley derivada del artículo tercero de la Constitución Mexicana tiene un anclaje mucho mayor, ya que para quitarla se necesitan dos tercios de la votación. Hay que darle mucha fuerza a un proyecto verdaderamente alternativo, ya que buena parte de su fuerza está en hablar sobre política de gobierno, pero en términos de educación sí o sí hablas de política de estado.

https://www.clacso.org/en-mexico-el-76-de-las-y-los-nuevos-estudiantes-universitarios-son-mujeres/
27 de febrero, 2024